Por: Guido Robinson Durney Urrutia
Para: Tecnología y Sociedad Digital
Tecnología, IA y datos están transformando la seguridad vial en Chile mediante prevención de accidentes, gestión de flotas y protección de conductores.
La seguridad vial entra en una nueva etapa
Chile
enfrenta un desafío que no se resuelve únicamente con más fiscalización.
Durante 2024 se registraron 75.653 siniestros de tránsito, 1.439 personas
fallecidas y 42.400 lesionadas. Aunque la cifra de fallecidos fue la más baja
en 25 años, cada muerte sigue representando una pérdida humana de enorme
impacto.
Además,
el reporte diario de CONASET registraba, al 22 de julio de 2026, 816 fallecidos
en siniestros de tránsito, 7,6% menos que a igual fecha de 2025. Estas cifras
están sujetas a validación de Carabineros.
El
desafío, por tanto, no consiste solamente en reaccionar después de un
accidente. La oportunidad tecnológica está en identificar condiciones de
riesgo antes de que se transformen en una tragedia.
La
seguridad vial está entrando así en una nueva etapa: una donde sensores,
conectividad, telemetría, inteligencia artificial y análisis de datos pueden
complementar la responsabilidad humana y las políticas públicas.
El factor humano sigue siendo decisivo
La
tecnología puede detectar riesgos, pero no sustituye las decisiones humanas.
CONASET
aborda los siniestros de tránsito como fenómenos multicausales y prevenibles.
Entre los factores relevantes aparecen la imprudencia del conductor, la
desobediencia a la señalización, el alcohol, la velocidad imprudente, las
conductas de peatones y factores asociados a drogas o fatiga.
En el
balance de 2024, CONASET identificó entre las principales causas de
fallecimientos la imprudencia del conductor, la desobediencia a la señalización
y el consumo de alcohol en conductores.
Esta
realidad deja una lección importante: antes de preguntar qué tecnología
instalar, debemos preguntarnos qué conducta queremos prevenir o
modificar.
Un
sistema puede advertir que un conductor está distraído, pero la prevención
requiere también capacitación, cultura de seguridad y responsabilidad
individual.
Por eso,
la seguridad vial inteligente no debe entenderse como una sustitución del
conductor por una máquina. Su objetivo es entregar información oportuna para
que las personas puedan tomar mejores decisiones.
Cuando la ruta también es un problema de seguridad
Para el
transporte de carga y las flotas, el riesgo no termina en un accidente.
También
existe exposición a robos, pérdida de vehículos o carga y amenazas contra
conductores. La seguridad operacional y la seguridad frente al delito forman
parte, cada vez más, de una misma conversación.
Una flota
moderna puede utilizar geolocalización, geocercas, monitoreo de rutas, cámaras,
alertas, botones de emergencia y seguimiento de activos.
Pero
estas herramientas solo son efectivas cuando están integradas a protocolos
humanos.
Saber qué
hacer ante una desviación, una detención no programada o una alerta de riesgo
es tan importante como recibir la notificación.
En este
punto, la tecnología deja de ser un accesorio y pasa a formar parte de una estrategia
integral de gestión del riesgo.
Para una
empresa de transporte, conocer dónde está un vehículo no basta. También importa
saber cómo está siendo conducido, qué está ocurriendo alrededor y qué
decisión debe tomarse ante una situación anómala.
La tecnología que ya está transformando la seguridad vial
Los
sensores de fatiga y somnolencia pueden advertir cambios asociados al estado de
alerta del conductor.
Las
cámaras con sistemas de visión computacional pueden ayudar a detectar
distracción, uso del teléfono y otras conductas de riesgo.
La
telemetría permite analizar velocidad, frenadas, aceleraciones, recorridos y
otros indicadores de conducción. Con esta información, las empresas pueden
identificar patrones y diseñar programas de conducción más segura.
También
existe un creciente interés por combinar GPS, análisis de rutas, mantenimiento
preventivo y datos operacionales para mejorar simultáneamente seguridad y
eficiencia.
En
paralelo, Chile ya está incorporando inteligencia artificial a sistemas de seguridad
pública.
En marzo
de 2025, el Gobierno anunció el enlace de cámaras de buses RED con el Sistema
Integrado de Teleprotección con Inteligencia Artificial (SITIA) y
Carabineros, con el objetivo de apoyar la prevención de delitos y la búsqueda
de vehículos con encargo por robo.
El valor
de estas herramientas no está en “vigilar por vigilar”, sino en transformar
señales dispersas en información accionable.
Una
alerta temprana puede permitir intervenir antes de que un incidente termine en
una tragedia.
IA y Big Data: de registrar riesgos a anticiparlos
El
siguiente salto consiste en pasar de describir lo ocurrido a identificar
patrones que ayuden a prevenir.
Los
modelos de inteligencia artificial y aprendizaje automático pueden combinar
históricos de siniestros, condiciones de la vía, horarios, clima, flujos
vehiculares y otros datos para estimar zonas o circunstancias de mayor riesgo.
Esto abre
una posibilidad especialmente relevante para municipios, concesionarias,
empresas de transporte y organismos públicos: avanzar desde una seguridad vial
predominantemente reactiva hacia una seguridad más preventiva y basada en
evidencia.
Sin
embargo, es importante hacer una precisión técnica.
La IA
generativa no es, por sí misma, un predictor universal de accidentes.
Su mayor
utilidad puede estar en complementar sistemas analíticos mediante síntesis de
información, generación de escenarios, consultas en lenguaje natural,
elaboración de informes y apoyo a la toma de decisiones.
La
predicción cuantitativa requiere datos adecuados, modelos validados, métricas
de desempeño y evaluación continua.
Una
administración pública responsable no debería adoptar un algoritmo simplemente
porque utiliza la expresión “inteligencia artificial”. Debe demostrar que esa
tecnología mejora una decisión concreta y que sus resultados pueden ser
evaluados.
Datos, privacidad y ética: la nueva frontera
Una
carretera inteligente también puede convertirse en una enorme fuente de datos
sobre personas.
GPS,
cámaras, sensores y plataformas de gestión pueden registrar información
relacionada con movimientos, hábitos y comportamiento.
Por eso,
la innovación debe avanzar junto con privacidad, ciberseguridad,
proporcionalidad, transparencia y supervisión humana.
El
objetivo debe ser claro: utilizar los datos necesarios para proteger vidas y
mejorar la movilidad, evitando usos secundarios injustificados.
Una
tecnología destinada a aumentar la seguridad no debería crear una nueva
vulnerabilidad para ciudadanos o trabajadores.
También
será necesario establecer reglas claras sobre quién puede acceder a los datos,
durante cuánto tiempo pueden conservarse y con qué propósito pueden utilizarse.
La
confianza pública será un activo tan importante como la infraestructura
tecnológica.
En otras
palabras, una carretera inteligente también debe ser una carretera
responsable.
Tecnología + comportamiento + política pública
Chile
necesita avanzar hacia un ecosistema donde tecnología, infraestructura,
personas e instituciones trabajen coordinadamente.
Entre las
prioridades aparecen:
- mejorar el uso de datos para
prevención;
- aumentar la
interoperabilidad entre instituciones;
- incentivar tecnologías de
seguridad en flotas;
- capacitar permanentemente a
los conductores;
- desarrollar sistemas de
alerta basados en evidencia;
- fortalecer la colaboración
público-privada;
- mejorar la ciberseguridad de
los sistemas conectados.
También
es necesario medir resultados.
Una
política tecnológica no debería evaluarse solamente por cuántas cámaras,
sensores o plataformas instala, sino por cuánto consigue reducir siniestros,
lesiones, muertes, robos, tiempos de respuesta y otros riesgos relevantes.
La
pregunta correcta no es:
“¿Cuánta
tecnología tenemos?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué
problema concreto estamos resolviendo y podemos demostrar que la solución
funciona?”
Ese
cambio de enfoque puede marcar una diferencia fundamental en la transformación
digital de la seguridad vial chilena.
El futuro será predictivo, pero seguirá siendo humano
La
seguridad vial del futuro no dependerá de una única aplicación ni de una cámara
con inteligencia artificial.
Surgirá
de la coordinación entre:
persona +
vehículo + infraestructura + datos + IA + instituciones.
La
tecnología puede detectar señales que un ser humano no percibe, identificar
patrones y entregar información en segundos.
Pero la
decisión final, la responsabilidad y la cultura de prevención siguen siendo
humanas.
La
inteligencia artificial puede ayudar a anticipar riesgos, pero no puede
sustituir una cultura de respeto por la vida.
Por eso,
el verdadero desafío de Chile no consiste solamente en digitalizar las
carreteras.
Consiste
en construir un ecosistema donde la innovación tecnológica esté al servicio de
las personas.
La mejor
innovación no será necesariamente la que registre un accidente con mayor
precisión después de ocurrido.
Será
aquella que ayude a identificar el riesgo y actuar antes de que ocurra.
Conclusión
La
seguridad vial en Chile está entrando en una etapa en la que los datos y la
inteligencia artificial pueden convertirse en instrumentos concretos de
prevención.
Pero la
tecnología solo alcanzará su verdadero potencial cuando esté acompañada de
conductas responsables, políticas públicas basadas en evidencia, protección de
datos y una gestión profesional del riesgo.
El futuro
de la movilidad no debería consistir simplemente en tener vehículos más
conectados.
Debería
consistir en tener personas mejor informadas, conductores más protegidos,
flotas más eficientes, autoridades con mejores datos y carreteras capaces de anticipar
riesgos.
Innovar
para salvar vidas no significa reemplazar al ser humano.
Significa
darle mejores herramientas para observar, anticipar y decidir a tiempo.
Invitación para LinkedIn
¿Puede la inteligencia artificial ayudar a salvar
vidas en las carreteras chilenas?
La
seguridad vial en Chile ya no depende solamente de mejores leyes o
fiscalización.
La
combinación de tecnología, IA, datos y comportamiento humano está
creando nuevas herramientas para prevenir accidentes, detectar fatiga y
distracción, optimizar flotas, mejorar rutas y responder ante riesgos y
delitos.
Pero
existe una pregunta aún más importante:
¿Estamos
utilizando la tecnología para reaccionar después del problema o para
anticiparnos a él?
En mi
nuevo artículo para Tecnología y Sociedad Digital analizo cómo la IA, la
telemetría, las cámaras inteligentes, los sensores y el análisis de datos
pueden contribuir a construir una seguridad vial más preventiva.
Te invito
a leerlo, compartirlo y participar en la conversación.
Pregunta para generar interacción:
¿Qué
tecnología crees que tendrá el mayor impacto en la seguridad vial en Chile
durante los próximos años: IA, sensores de fatiga, cámaras inteligentes,
telemetría o análisis predictivo?
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inteligente, movilidad segura, seguridad pública.
Bibliografía profesional y
fuentes
- Comisión Nacional de
Seguridad de Tránsito (CONASET). Informe Nacional de Siniestros de Tránsito
en Chile 2024. Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones,
Gobierno de Chile, 2025.
- Comisión Nacional de
Seguridad de Tránsito (CONASET). Reporte diario de fallecidos en siniestros
de tránsito. Datos acumulados a julio de 2026. Fuente primaria:
Carabineros de Chile.
- Ministerio de Transportes y
Telecomunicaciones / CONASET. Información y estadísticas oficiales sobre
siniestralidad vial y seguridad de tránsito en Chile.
- Subsecretaría de Prevención
del Delito.
Gobierno de Chile. Enlace de cámaras de buses RED al Sistema Integrado
de Teleprotección con Inteligencia Artificial (SITIA). 25 de marzo de
2025.
- World Health Organization
(WHO). Global
Status Report on Road Safety 2023. Geneva: World Health Organization;
2023.
- OECD / International
Transport Forum. Road
Safety Annual Report 2024. OECD Publishing; 2024.
Autor:
Guido Robinson Durney Urrutia
Tecnología y Sociedad Digital
Investigador independiente | Tecnología, sociedad digital, IA y políticas
públicas

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